El envejecimiento cutáneo -que si bien viene dado por la edad, se puede producir antes o después dependiendo de cómo nos hayamos cuidado a lo largo de los años-, pero hay una cuestión que muchas veces pasamos por alto: la pérdida de volumen facial. Sí, una cara y rasgos más hundidos o unas ojeras marcadas también son signo inequívoco del deterioro de la dermis y aunque a menudo no les demos tanta importancia como a las señales antes mencionadas, lo cierto es que la ausencia de volumen nos puede dar un aspecto más cansado y envejecido. Por ello, ya sea con tratamientos estéticos específicos para ello o a través de la cosmética, nos conviene saber identificar si estamos en este punto y cómo podemos combatirlo.

¿Qué es la pérdida de volumen facial?

Según explica la doctora Mar Mira, de la clínica Mira + Cueto, esa pérdida de volumen se puede identificar por producir “un cambio de luces y sombras en nuestro rostro, lo que hace que empecemos a transmitir emociones negativas que no nos gustan, como son un aspecto de cansancio, de enfado o de tristeza”. Tal como apunta la experta, esto se suele traducir en “la aparición de una sombra que nos da esa sensación de ojeras, un surco entre la nariz y la boca más pronunciado o la aparición de unas comisuras que nos dan un aspecto más triste. El contorno facial también va cambiando poco a poco, y se va perdiendo ese triángulo ascendente que es signo de mayor armonía y juventud”. Eso sí, advierte de que esto puede variar según la persona, pero en general, veremos que comienza a producirse este cambio cuando “notas que la cara, poco a poco, se va descolocando, ya que se van perdiendo los soportes faciales”, indica.

¿Por qué se pierde el volumen facial?

La explicación más sencilla es la edad, que como ya apuntábamos, no tiene por qué ser la misma para todas las personas, pues dependerá de nuestra genética y de cómo nos hayamos cuidado a lo largo de los años, la exposición solar, etc. Consuelo Mohedano, directora de formación de la división Prestige del Grupo Shiseido, explica que a nivel cutáneo, esto ocurre porque “se priva a la piel de la elasticidad y el relleno juvenil que originalmente tenía, al hacer que los contornos faciales parezcan planos. La estructura interna de la piel ya está pasando por cambios estructurales cuando comienzan a revelarse los signos de pérdida de volumen. La estructura interna de la piel, que apoya las mejillas rellenas y juveniles, se aplana, y el deterioro funcional ocurre con la edad, tanto en la dermis como en el tejido muscular. Como resultado, la piel se vuelve incapaz de mantener su dimensión y rápidamente pierde volumen«.

¿A partir de qué edad debería empezar a tratarse?

Como el deterioro de la piel es diferente en cada persona, es difícil establecer una edad concreta -aunque siempre debemos recordar que es mejor prevenir que curar-, pero la doctora Mar Mira indica que en general sería a partir de los 30-35 años cuando hay que consultar a expertos y quizá empezar algún tipo de tratamiento, “ya que a esta edad y dependiendo de la base constitucional individual, empiezan a aparecer los primeros puntos débiles de soporte facial. Tratarlos en un tiempo temprano nos hace estar en mejores condiciones para el paso del tiempo, pudiendo dirigir y modular en cierto modo el futuro”. Asimismo, apunta que a partir de los 40 años la pérdida de volumen ya será más evidente, por lo que “durante esta década, si no hacemos nada, el proceso de deplección facial o pérdida de volumen y soportes sigue avanzando y en peores condiciones estaremos a los 50, y seguirá avanzando a los 60 años. Está claro que vamos a envejecer, pero actualmente podemos hacerlo de una manera más favorable, sin perder la armonía y la naturalidad”, señala.

¿Hasta qué punto se puede recuperar el volumen perdido (con cosméticos)?

Dicho lo anterior, cabe preguntarse hasta qué punto podemos recuperar el volumen que hemos perdido si no hemos realizado ningún tipo de prevención. Por suerte, tanto en cosmética como en medicina estética se han hecho muchos avances para combatir sus síntomas. Respecto al primer recurso, la cosmética, Consuelo Mohedano hace referencia a los estudios que ha realizado la firma Clé de Peau Beauté para desarrollar su último lanzamiento, la Volumizing Cream Supreme, y explica que “se ha identificado con éxito dónde comienza la pérdida de volumen (la llamada ‘red amortiguadora’) dentro de la piel al visualizar el ‘nivel de volumen’, es decir, la capacidad de la piel para retener el volumen facial desde dentro”. Esto se traduce en una fórmula más eficaz a la hora de prevenir la pérdida de volumen desde dentro, reforzando la estructura de esa ‘red amortiguadora’, mientras que “consigue construir las dimensiones en las cuales se sustentan los contornos faciales definidos en términos de forma, textura y aspecto”, por lo que realiza un tratamiento más integral y completo.

Además de la eficacia de una crema potente como la mencionada, la experta también señala la importancia del modo de aplicación del producto. Y es que, tal como nos ha demostrado el éxito del yoga facial o de herramientas de masaje como el rodillo o la piedra gua sha, la forma en la que extendemos cualquier fórmula hará que ésta penetre mejor, mientras que los propios gestos ayudarán a mejorar el rostro. De hecho, la experta destaca el hallazgo de Clé de Peau Beauté al descubrir que “los estímulos físicos proporcionados a la piel hacen que proliferen las células madre y activan la dermis”. ¿Cómo debería ser ese masaje? Desde la firma indican que la clave está en trabajar de abajo hacia arriba, presionando desde la mandíbula hacia las mejillas y las sienes.

¿Qué tratamiento estético es el mejor para recuperar el volumen?

Además de la cosmética, recurrir a un tratamiento estético con ácido hialurónico -ahora mismo, el más innovadores y natural- puede ser una opción eficaz para recuperar el volumen facial, pues sus efectos son rápidos y visibles (aunque eso en ningún caso significa que debamos renunciar a nuestra rutina de belleza). La doctora Mar Mira explica en qué consistiría el protocolo: “Se trata de dar, con ácido hialurónico, los soportes necesarios para devolver la estructura facial en distintos planos, según la necesidad. Es necesario remodelar en todos los planos, desde el profundo al superficial. Para eso, utilizo hialurónicos de estructura diferente según el plano facial a tratar. No es lo mismo proyectar a nivel mandibular para recuperar la tensión a nivel del óvalo facial, que tratar directamente una ojera. Cada paciente tiene sus síntomas y, después de un diagnóstico facial exhaustivo y con un mapeo individual, se le trata este síntoma tanto a distancia, como en la zona, según su necesidad”.

Con este tratamiento mínimamente invasivo y realizado con aguja o cánula, “se recuperan de una manera armónica y natural las proporciones que transmiten esas emociones positivas que nos gustan de serenidad y belleza”, apunta la doctora. Asimismo, afirma que se puede realizar en personas más jóvenes, logrando un rostro más proporcionado y armónico, además de “conseguir estar en mejores condiciones para afrontar el paso del tiempo”. Una ventaja del protocolo es su efecto inmediato, mientras que el hecho de que el ácido hialurónico sea reabsorbible nos da tranquilidad, aunque este proceso será diferente para cada persona (la especialista señala que en general se suele realizar un mantenimiento anual).

Y sobre el miedo a los tratamientos estéticos -esa idea de que el resultado será antinatural o se nos quedará la cara rígida-, potenciado en parte por antiguas prácticas o técnicas que se han quedado anticuadas, la experta advierte de que es tan importante la calidad del producto empleado para las infiltraciones -en su clínica se utilizan las de Allergan Aesthetics– como ponernos en manos de un buen especialista que tenga “una técnica depurada para minimizar al máximo las molestias”. Eso sí, afirma que no solo se mantiene el movimiento del rostro, sino que “en realidad se mejora, a parte de verte mucho más favorecido sin dejar de ser tú mismo”.

Fuente: Vogue.es

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